Han pasado ya sesenta años desde que un grupo de mujeres de Acción Católica en España declararon la guerra al hambre; una realidad que ya entonces causaba estragos en el mundo. Y lo hicieron en una España que, todavía, se recuperaba de una dolorosa guerra civil y en la que las mujeres, ni por asomo, tenían en la sociedad el papel y el reconocimiento que tienen ahora. «Declaramos la guerra al hambre», cinco palabras, pronunciadas hace ya muchos años, capaces de mover las voluntades de miles de personas empeñadas en hacer del mundo un lugar mejor para todos.

Estas mujeres, no pudieron sustraerse del sufrimiento existente en países lejanos en los que «el hambre se escribía con trazos de muerte», como señalaba el manifiesto fundacional de la Organización, y se liaron la manta a la cabeza para sumarse, con todas las consecuencias, a una declaración de guerra sin precedentes que todavía hoy resuena y les impulsa en su trabajo. Seis décadas después, continúan empeñadas en cambiar las realidades más tozudas y, con grandes esfuerzos, han sido capaces de producir cambios en las vidas de millones de personas.

Manos Unidas es la Asociación de la Iglesia católica es­pañola para la ayuda, promoción y desarrollo de los países más empobrecidos de la tierra. A través de su historia, han hecho suyas las palabras del papa Francisco en la Bula de la Misericordia: «Donde la Iglesia esté presente, allí debe ser evidente la misericordia del Padre. En nuestras pa­rroquias, en las comunidades, en las asociaciones y movi­mientos, en fin, donde quiera que haya cristianos, cualquiera debería poder encontrar un oasis de misericordia».

De esta manera, han querido responder a su identidad y misión, al sentir de las mujeres que, en 1959, so­ñaron y pusieron en marcha la primera Campaña contra el Hambre, que se ha convertido en la Organización no Guber­namental para el Desarrollo que conocemos hoy. Han pa­sado 60 años y muchas cosas.

Aquella primera Campaña tenía tres objetivos: denunciar el terrible escándalo de los millones de personas que morían cada día de hambre; ayudar a la sociedad española a tomar conciencia de la injusticia que eso suponía; y reunir recursos para promover posibles acciones contra esta lacra.

Poste­riormente, en 1978, se adoptaría el nombre por el que hoy es conocida: «Manos Unidas, Comité Católico de la Campaña contra el Hambre», y, de forma más abreviada y sencilla, «Manos Unidas».

Hoy, las 500.000 pesetas de las que disponía la primera Campaña se han convertido en más de 47 millones de euros según datos de la Memoria de 2018. En 1967, se referencian proyectos educativos, de agua, agrícolas y emergencias en Perú, India y África Ecuatorial. Y, de aquellas iniciativas con­cretas de los primeros tiempos, se ha pasado, durante 2018, a cerca de 1.100 proyectos en ejecución, en los que participan directamente más de un millón y medio de personas de Asia, África y América Latina, y que alcanzan a cerca de seis mi­llones y medio de beneficiarios indirectos.

Desde el comienzo, las mujeres que inspiraron y pusieron en marcha la Campaña tuvieron claro la necesidad de incidir en las causas del hambre y de la miseria:

“Queremos colaborar en la construcción del Reino de Dios, donde cada persona pueda vivir según su dignidad. Nuestro propósito es promover una cultura de la solidaridad; un solo mundo: una sola familia humana. Pretendemos cultivar un estilo de vida centrado en el amor, capaz de reconocer en el otro y en la naturaleza la presencia amorosa de Dios. La misericordia de la que ha­blábamos al principio se refuerza con la compasión: tomar dolorosa conciencia del sufrimiento ajeno, encontrarse con el otro en su necesidad, mirar y juzgar la realidad de la po­breza desde el lugar de los empobrecidos; no para quedarse allí, sino para que juntos busquemos y encontremos caminos de liberación. Estos valores de la compasión y misericordia que se abren a la solidaridad fraterna son los que alimentan las opciones y compromisos de Manos Unidas”.

“Cuando alguien nos pregunte qué hace­mos en Manos Unidas, debemos decir que cumplimos el mandato de Jesús —«Dadles vosotros de comer»— y que lo hacemos en comunidad: con imperfecciones, pero unidos, compartiendo recursos, capacidades y aptitudes para transformar un mundo injusto e inso­lidario, y sabiendo que solo somos colaboradores en la obra del Padre, a través de la Iglesia, de traer a este mundo un mensaje de fraternidad universal que es un bien para todos”

RICARDO LOY. Secretario General de Manos Unidas

Africa-historias de éxito

El desempleo juvenil en Uganda es uno de los más altos del mundo y tiene graves consecuencias para los jóvenes y sus comunidades. En los distritos de Mpumudde, Mafubira y Bugembe, Manos Unidas y la organización local «Youth With a Vision International», impulsada por los Misioneros de África, han puesto en marcha un programa que cada año se dirige a 30 jóvenes sin recursos. Los participantes se forman en técnicas empresariales y de generación de ingresos y proponen modelos de negocio que son evaluados para su posible financiación a través de préstamos sin intereses. Cuando los negocios se ponen en marcha y los jóvenes comienzan a devolver los préstamos, estos recursos son reinvertidos para seguir apoyando la formación y las iniciativas de otros jóvenes. Estos testimonios son solo tres ejemplos de lo que están consiguiendo los jóvenes gracias a este programa.

«Con el apoyo económico del pro­yecto pude empezar mi restaurante en 2017 y ya estoy devolviendo mensual­mente los fondos que recibí. Además, el negocio me permite pagar el salario de tres jóvenes más: uno para hacer pan, otro para cocina y un tercero para el de­partamento de servicio. Con el restau­rante puedo también cubrir las necesi­dades básicas de mi familia y pagar los gastos escolares de mis hermanos pe­queños. La verdad es que me ha cam­biado la vida. Y espero que otros jóvenes cuenten también con la ayuda que recibí yo y puedan construir su propio camino»

Danny ha conseguido sacar adelante su pequeño restaurante

América-historias de éxito

En América promovemos el empoderamiento de las mujeres y la igualdad de oportunidades en contextos donde perviven importantes desigualdades estructurales. Para ello, apoyamos intervenciones que logran que las mujeres se constituyan como agentes de cambio a nivel familiar, local y nacional. Los testimonios que siguen son ejemplo de que este cambio es posible.

«En 2013 comencé a participar en las capacitaciones que la organización ADROH brindaba con el apoyo de Manos Unidas. Para mí fueron importantes ya que ahí comencé a tener el conocimiento adecuado de la importancia de cuidar del medio ambiente y de nuestras vidas. Saber que puedo rescatar a la madre tierra es de mucho orgullo para mí. Digo “rescatar” porque de todos es sabido que la madre tierra ha estado siendo envenenada con tanto químico que al mismo tiempo nos está en­venenando a nosotros como personas. Tanta enfermedad que estamos viendo es producto del uso de estos químicos en las siembras y en el medio ambiente.

La agroecología ha venido a cambiar mi vida en la forma de pensar y actuar, ya que enseño a los demás a consumir las siembras orgánicas y les explico por qué consumirlas. Ahora formo parte, junto a 20 jóvenes, de un grupo de producción con el apoyo de Manos Unidas. Nos llamamos “Herederos en Acción”, nombre que se ori­gina por la necesidad de heredar conocimientos diversos, especialmente los agro­ecológicos, para disminuir la desnutrición. Además, así concienciamos a los demás jóvenes sobre la importancia de los productos orgánicos en este mundo globalizado y que contamina el medio ambiente y daña nuestra vida y la economía familiar»

María Tomasa participa en un proyecto destinado a mejorar la soberanía alimentaria de forma respetuosa con el medio ambiente, ejecutado por ADROH, socio local de Manos Unidas en Honduras.

Asia-historias de éxito

En los estados de Jharkhand, Odisha y Chhattisgarh se concentran las principales operaciones de tráfico de personas en la India. Según datos oficiales, cerca de 330 mujeres y 230 niños desaparecen cada día en Chhattisgarh para ser traficados.

El 70 % de todos los casos se da en el distrito de Jashpur. En su mayoría, son mujeres jóvenes y niños carentes de toda educación que viven en condiciones de pobreza extrema y son susceptibles de ser engañados por parte de traficantes que les prometen un trabajo digno en las ciudades.

Las Hermanas Misioneras de María llevan muchos años traba­jando en este ámbito a través de campañas de prevención en las al­deas, la denuncia de casos ante la policía y los tribunales y la reha­bilitación de las niñas rescatadas. La hermana Annie, directora de un proyecto apoyado por Manos Unidas, nos envía la historia y el tes­timonio de dos chicas de 13 años que, deseosas de huir a Delhi para evitar matrimonios forzados, o simplemente para poder ganarse la vida, fueron engañadas por supuestos «protectores» que les prome­tieron un trabajo digno e independiente. En ambos casos, estas per­sonas desconocidas empujaron a las chicas a las garras de los que se dedican a la explotación de jóvenes.

«Me llamo Sneha Kujur. Pasé por un par de familias en las que me maltrataban, obligándome a realizar jornadas de 20 horas. En mi desesperación, acabé con una “señora” que me drogó y me dejó en manos de dos hombres que abusaron se­xualmente de mí. No pude demostrar nada, pero quedé em­barazada y mi “protectora” me llevó a abortar en condiciones deplorables. Sobreviví de milagro. Finalmente, decidí contac­tar con mi familia, que me informó de la existencia de la her­mana Annie y de la organización Jeevan Jharna Vikas Sanstha (JJVS) que me rescataron con la ayuda de la policía».

«Soy Parwati Chowan. Afortunadamente, las hermanas de JJVS llegaron a tiempo y me acogieron en su centro, evitando que los “protectores” me llevaran hacia Delhi. Colaboré en la apertura de la pastelería “Bety Zindabad Bakery” y ac- tualmente soy la encargada y estoy enseñando a todas mis compañeras».

Con el apoyo de Manos Unidas y JJVS, ambas jóvenes han podido recibir formación de costura y de panadería y sus esfuerzos han sido recompensados y reconocidos. El pasado año, el Ministerio de la Mujer otorgó a la pastelería, de manos del presidente de la India, el premio al empoderamiento de la mujer. Ahora son ellas las que están dando los cursos de formación a otras 12 chicas también rescatadas.

Este es un ejemplo de los proyectos que Manos Unidas apoya en Asia para luchar contra el tráfico humano mediante la prevención, el rescate y la rehabilitación de las mujeres, niños y niñas víctimas de esta forma de esclavitud moderna

Seis décadas después, continúan empeñadas en cambiar las realidades más tozudas y, con grandes esfuerzos, han sido capaces de producir cambios en las vidas de millones de personas porque «un solo obstáculo en la lucha contra el hambre sería insuperable: creer la victoria imposible».