Últimamente, en la tempestad económica que vivimos desde hace un lustro, han aflorado importantes tensiones económicas y sociales en la sociedad vasca, el desempleo ha alcanzado niveles record, ha aumentado la desigualdad y la vulnerabilidad… afectando la cohesión social de la sociedad vasca.

En este contexto económico y social tan duro, la percepción de una parte de la ciudadanía hacia los inmigrantes ha empeorado, y desde ciertos sectores políticos se aprovechan de la situación señalando al colectivo inmigrante, propiciando una serie de prejuicios,  falsos mensajes y manipulación de datos utilizando la Renta de Garantía de Ingresos (RGI), una renta que hace poco era una de las vías por la cual la sociedad vasca hacía patente su ánimo de solidaridad con los más necesitados, sabiendo que una parte de sus impuestos se destina a procurar una vida de mínima calidad y de oportunidades de inserción a miles de ciudadanos. Ahora se está utilizando como instrumento de confrontación, intentando elevar barreras mentales entre “LOS DE AQUÍ” y “LOS DE FUERA”, como dicen ellos, y claro, como ciudadano que soy me parece totalmente justo perseguir el fraude y es prioritario mantener el estado de bienestar. Pero también creo que señalar a un colectivo que se acoge a esta prestación es peligroso social y económicamente para la sociedad y peor aún el hecho de señalar al colectivo inmigrante como chivo expiatorio de todo el mal de la sociedad, sabiendo que representa sólo el 6% de la población. Me parece un auténtico despropósito plantear que las personas inmigrantes lo tenemos más fácil para acceder a las ayudas sociales, que vivimos del cuento o que sólo con el hecho de venir al País Vasco cobramos una RGI… Porque en primer lugar, […]