Desde que nació nuestro segundo hijo, hace justo un año, hemos volcado mucho tiempo en la familia, como es normal. Esto ha supuesto también un cambio en nuestra manera y capacidad de trabajar por un mundo mejor: ahora que los niños son aún pequeños nos comprometemos como familia, bien mirado es un plus! Así que no lo dudamos cuando desde el Centro Ellacuría se nos planteó la situación de una madre que necesitaba apoyo para cuidar de su hijo mientras ella hacía un curso de formación profesional. Durante dos meses Jonathan ha formado parte de nuestra vida cotidiana tres tardes a la semana. Nosotros hemos adaptado nuestras rutinas y horarios para poder acogerle con mucho cariño en nuestro hogar. Su madre, con esfuerzo, ha podido estudiar y abrir una ventana de esperanza para su vida laboral. Nuestros hijos han podido disfrutar de conocerse y jugar juntos.
Hace poco estuvimos en casa de Jonathan jugando a la consola, charlando de nuestras vidas y compartiendo la mesa. Qué rico es el plátano frito. Qué suerte la nuestra al recibir tanto, cuando solo hemos ofrecido lo poco que tenemos y lo mucho que somos.

Nerea Markina.