A principios de octubre me llegaban las primeras noticias acerca de un encuentro de jóvenes CVX en Salamanca. La primera reacción personal fue la de rehuir la invitación, porque quería medir bien a qué me animaba a ir y a qué este año iba a decir que no. Pero no iba a poder salirme con la mía, porque unos días después volverían a preguntarme por el encuentro. Esta vez ya me lo pensé más, y hablándolo con Ignacio me salía de fondo un por qué no. Era una oportunidad para conocer a jóvenes de la misma edad, que se encontrarían en unos momentos vitales parecidos, y al mismo tiempo veía el encuentro como una oportunidad para conocer un poco más la CVX.

Finalmente nos animamos 5 amigos: Jose, Ignacio y yo, del mismo grupo de CVX, junto con Jimmy y Jon, amigos de Arrupe del colegio. Lo primero que nos salía a todos era la ilusión por volvernos a juntar desde que en el Magis 2011 comenzó esta amistad que seguimos teniendo.

Con este ánimo llegamos a Salamanca, con pocas referencias y bastante liberalidad para el encuentro que tenía de lema, “+ Iglesia, ¿sumamos?”. Nos juntamos cerca de 30 jóvenes, que veníamos de Barcelona, Zaragoza, Pamplona, Donosti, Bilbao, Salamanca, Sevilla y Madrid, la mayoría aún dando sus primeros pasos en CVX.

Durante el fin de semana pudimos tener tiempo para recordar nuestra historia personal de Iglesia, para tratar de expresar con sabores cómo es estar en la Iglesia, para conocer los retos que el mundo nos lanza y sentirnos interpelados a actuar, para ver dónde estamos colaborando y dónde nos sentimos llamados a estar, y para entender que juntos nuestros pequeños talentos llegan más lejos. Hubo también tiempo para escuchar testimonios formales, como el que nos vinieron a compartir Belén y Alfonso, que nos abrieron las puertas de sus vidas, y otros tantos momentos de conversaciones informales, ya fueran en las comidas, en los paseos por Salamanca o en las dinámicas de grupo.

Como experiencia personal, el encuentro fue oportunidad para inflamar el corazón y sentir de nuevo la llamada a responder al amor del Padre. Con deseos de seguir buscando, de seguir involucrándome y de seguir confiando. Y con la esperanza de que en otras ciudades, en sus casas, en sus barrios, en sus trabajos, hay muchos otros jóvenes que son luz del Padre para el mundo.

Alain