Entrevista a Alfonso Salgado, presidente de CVX España

Aprovechamos la cercanía de la asamblea de Salamanca 2014 y la salida de Alfonso del consejo como presidente, para que nos cuenta su balance y cómo sueña la CVX en estos años que vienen. Esto es lo que nos contó

Echando la vista atrás en estos 5 años participando en el consejo como presidente, ¿Qué evaluación haces de este tiempo?

Bueno, yo distinguiría entre la evaluación que hago a título personal, como miembro de CVX que soy, y otra mi valoración como Presidente.

En mi valoración personal, tengo que decir que ha habido mucho trabajo y a veces mucha sensación de cansancio. También ha habido momentos de duda, de no saber por dónde caminar, de miedo a equivocarme, de no estar a la altura,… pero por encima de todo, siento que han sido años llenos de regalos y de gracia de Dios: el trabajo del Consejo Nacional, el ejemplo de mis compañeros, el conocimiento privilegiado de personas y comunidades, el cariño y la comprensión recibidos, poder ver en directo el trabajo y la seriedad de tántos compañeros, la calidad humana y espiritual de mis compañeros de vocación en CVX en España…

Como conclusión: puedo decir que después de estos años, y a pesar de mi cansancio acumulado, soy mejor persona y más convencido miembro de CVX y de la Iglesia Universal.

Como presidente, la valoración tendréis que hacerla el resto, pero a mí me parece que CVX en España avanza bien, está asentando cosas importante de manera muy natural, como el DEAE, la acción de los Equipos Apostólicos Nacionales, la seriedad de los envíos y los servicios de gobierno (presidentes locales, coordinadores,…), el proceso que conduce al Compromiso Permanente, la formación,… sobre todo porque estamos siendo muy fieles a lo que nos decimos a nosotros mismos en los Principios Generales y en nuestras Asambleas Mundiales y nacionales.

Creo que CVX es más madura ahora que hace cinco años y a veces me descubro pensando que el Consejo y su Presidente no han molestado demasiado en que así sea. He procurado cuidar mucho el contacto con las personas porque son los protagonista reales de nuestra vocación CVX y, sin duda, son lo mejor que tenemos. Estoy profundamente orgulloso de haber sido presidente de las personas que forman CVX en España, ante muchas de las cuales me quito el sombrero.

 ¿Cual es la situación ahora mismo de la CVX España?

Creo que de búsqueda, discernimiento y afirmación, en el sentido más ignaciano y positivo del término.

De búsqueda sincera de cómo responder mejor a los retos sociales, culturales y eclesiales de nuestro tiempo. De discernimiento de cómo poder actuar como CVX en la misión laical ordinaria de cada día, desde el DEAE y una vocación comunitaria, y cómo responder y actuar como Cuerpo Apostólico, como laicos organizados para dar una respuesta mejor como institución. Con realismo, con algo de miedo, pero con ilusión, y hacerlo desde lo que somos y como somos.

Y también de afirmación: creo que hay cosas que van siendo de nuestro ‘patrimonio’ y a las que ya no renunciamos, ni discutimos. En este sentido, creo que CVX en España es un ejemplo de fidelidad a lo que somos y a lo que avanzamos desde las Asambleas Mundiales. Hace falta que esto llegue hasta el último rincón de nuestras comunidades, que se enteren, participen y lo vivan todos, pero es un camino sin retorno.

A los obispos con los que he podido hablar y a las autoridades religiosas cuando me ha sido posible (Compañía, Esclavas, Jesuitinas, Foro de Laicos…) siempre le he dicho lo mismo: mi comunidad está llena de pecados, formada por hombres y mujeres muy pobres, muy tontos y muy feos, pero con un horizonte claro de a dónde quieren llegar y un deseo sincero y profundo de fidelidad a nuestras raíces, que cada día valoramos más. Hay distintas velocidades en personas y comunidades locales, pero creo que ya vamos todos en la misma dirección.

¿Cómo podemos aportar desde Bilbao (dentro de poco ya una comunidad más amplia con la incorporación de Vitoria y Durango) a esta realidad de CVX España e incluso mundial?

CVX en Bilbao es una comunidad grande, seria, muy comprometida, con un profundo sentido de opción por los pobres, muy ‘metida’ en la realidad de la Iglesia y la sociedad vizcaína, vasca y española. Y una comunidad que yo definiría con dos palabras: (1) sentido hondo de pertenencia y (2) sentido hondo de crítica, cuando hay que hacerla y para ayudar a dar mejor respuesta a los destinatarios de la misión, especialmente a los más pobres.

Yo os pido, como presidente actual, pero sobre todo, como compañero, que no perdáis ninguna de esas dos cosas. Es necesario que las cuidéis y que permanezcan ambas unidas, porque son la mejor expresión de lo que hace falta.

Además, vuestro proyecto, la colaboración con la Compañía, vuestra implicación en la diócesis, vuestra opción por los pobres… son un ejemplo. Sólo os pido que lo deis a conocer más a través de nuestros foros (blog, web,…) porque todos podemos aprender mucho de vosotros.

Ahora, además, con la incorporación de Vitoria y Durango, nos volvéis a dar ejemplo de sentido de pertenencia a una realidad mayor y de poner toda la estructura al servicio del fin, y no al revés.

Y por último, no me olvido de las personas de CVX en Bilbao que ofrecen un servicio de primera en los Equipos Apostólicos. En este sentido, ser de Bilbao es un marchamo de calidad (pero esto no digáis que os lo he dicho, y menos a los de Bilbao, claro, que luego son como son). Lo mismo podemos decir de vuestra aportación a la Coordinadora de Loiola.

¿Qué esperas de la Asamblea de Salamanca?

Seriedad, espíritu abierto, disponibilidad. Madurez como delegados y como comunidad para buscar y hallar juntos la mejor manera de responder a las necesidades de quienes más sufren, de quienes más excluidos están, de quien más desorientado se encuentra,… en definitiva, de cómo disponernos para, como institución, ayudar a la Misión de Cristo aquí y ahora; cómo ayudar como CVX en España, en la defensa de la fe y la promoción de la justicia, y hacerlo al estilo ignaciano, laical y comunitario.

En definitiva, cómo potenciar nuestros proyectos apostólicos, cómo crecer en honda amistad con Jesús, cómo pensar una comunidad con estructuras mínimas y ágiles para dar respuesta eficaz a los dos propietarios únicos de nuestra Comunidad: Cristo y los pobres.

Ya hacerlo no pensando en cada comunidad local, en esa de la que procedo, sino pensando en la generalidad de la CVX en España, no desde un sentido de federación de comunidades sino desde el sentido de pertenecer a una única comunidad.

Un sueño para la CVX España

Sueño con una CVX de hombres y mujeres que se toman en serio su vocación, que viven su día a día metidos en las tareas de casa, del cole, de los niños, de los padres mayores, del vecindario… desde su ser-CVX, desde su apertura a la comunidad, para que el propio grupo de vida ayude en el discernimiento de las misiones personales, se sientan enviados a vivir la vida desde su ser CVX como apóstoles de causas grandes en lo pequeño y sencillo de cada día, sepan acompañarse afectiva y efectivamente, y se dejen evaluar desde el cariño, la ternura y la corrección fraterna.

Sueño una CVX que no tiene miedo a pensarlo todo de nuevo si con eso damos mejor respuesta como Cuerpo. Una CVX que no tiene miedo de plantearse sueños y desafíos grandes, pero que pone todo su empeño en las herramientas ignacianas para discernirlos. Una CVX dispuesta a dejarse preguntar si el modo de organizarnos y las misiones que estamos desarrollando son lo que el Señor quiere o quizás haya que dar pasos firmes en otra dirección.

Sueño una CVX llena de hombres y mujeres de Ejercicios, siempre alerta, que se reconocen como amigos fuertes del Señor, sencillos y humildes, pero profundamente apostólicos. Una CVX donde tener Compromiso Permanente sea vivido como el gozo de descubrir ‘éste es mi sitio’ y ‘Señor, hermanos, aquí estoy para lo que haga falta, con mis circunstancias, con mis temores, con mis limitaciones, pero lleno de confianza y de deseo’.

Sueño con una CVX que vive y actúa como Cuerpo, que se sienta como institución en una mesa a discernir con la Compañía, con otras asociaciones religiosas, culturales, sociales o políticas, cómo dar mejor respuesta. Y lo hace como lo que es, CVX.

Y ahora, dejadme que termine con el sueño de un compañero de CVX en Valencia, que he hecho mío desde hace años y que me sirve para examinar mi vida también en clave de si voy orientándola a ese sueño:

 En las peleas, en las puestas a tiro, en las interpelaciones, en lo celebrado juntos y en las llamadas radicales de la realidad, en los sentimientos de soledad, abismo o reencuentro, el ser comunidad junto con otros no ha sido ni algo secundario ni siquiera paisaje de fondo. Un hermano de comunidad lo llama “la mística de lo comunitario” y dice verdad. Miro atrás, a mi lado y a lo que nos queda, y son historias de Dios las que así miro. Sigo soñando con que los de CVX -radicalmente, contra todo descanso- nos dejaremos conquistar definitivamente por el Dios bueno de Jesús, el Cristo de los pobres: sé que en ese sueño compartido con mis hermanos y hermanas de comunidad también me voy soñando a mí mismo.