Llego a casa. Iker y Jone aún duermen. Qué gusto deslizarme dentro de mis zapatillas de casa y despertarles a besos. Este es mi hogar. Ahí fuera, bajo la lluvia o bajo el sol radiante, Mustapha, Abdel Karim, Younes y Yassine andan buscando también su hogar. Entre pasteles, bandejas, deporte, ordenadores y exámenes; entre oportunidades, sueños, oraciones, incertidumbres y certezas buscan su nuevo hogar. Porque ellos ya tienen familia y hogar, pero demasiado lejos de la vida mejor que buscan.
Anoche, Zabalo y Koldo nos recibieron acogedoramente en su casa hasta que llegó Manu Arrue y nos acompañó a los locales de la parroquia de Uretamendi. Los chicos fueron llegando, con hambre y bastante cansancio, tras sus jornadas en Peñascal. Tienen toda la vida por delante y muchas ganas de que esa vida sea buena. Solo necesitan una sociedad que no les cierre las puertas, que no les niegue oportunidades, que no mire hacia otro lado.
Gauean-Uretamendi-300x225
Esta noche, ellos y yo, hemos dormido sin notar el frío ni los ruidos. Me he pasado la noche en la litera de arriba soñando con sus vidas. No nos ha hecho falta el despertador, las mujeres del barrio han llegado con café y bizcocho, y mucho cariño. Nos despedimos de ellos hasta la semana que viene.
Karim nos saluda, con todo el cuerpo, cuando nos cruzamos con él en la Alhóndiga. En el Casco Viejo Yassine se acerca a conocer a Jone y le hace un cariño. Ojalá ellos encuentren su deseado hogar. Ojalá tú y yo seamos puerta abierta, mano tendida y compañeras de viaje para ellos. Detrás de Ellacuría, Hemen, Harribide, hay rostros y vidas como estas. Y tú, ¿les pones nombre?