En la carta encíclica Deus Caritas Est (Dios es amor), el papa Benedicto XVI escribe que “practicar el amor hacia las viudas y los huérfanos, los presos, los enfermos y los necesitados de todo tipo, pertenece a su esencia (de la Iglesia) tanto como el servicio de los Sacramentos y el anuncio del Evangelio” (nº 22). El anuncio de la Palabra de Dios, la celebración de los sacramentos y el servicio de la caridad, dice, son “tareas que se implican mutuamente” (nº 25). En otras palabras, hay una conexión esencial entre nuestra fe y nuestra forma de poner el amor en acción en el mundo.

Los sacramentos celebrados por la Iglesia son signos de la gracia que hacen que una realidad más profunda se presente ante nosotros. Una realidad que encontramos a través de los sacramentos es la presencia de Cristo en la comunidad de la Iglesia, su cuerpo. Este reconocimiento de la presencia de Cristo en la comunidad debe llevar a una mayor conciencia de estar enviado en misión a emprender acciones en el mundo inspiradas en el amor.

Como señala el papa Benedicto XVI en Deus Caritas Est (Dios es amor), la celebración de los sacramentos y el ministerio del amor son “inseparables”. El amor en acción, dice, es “manifestación irrenunciable” de la esencia de la Iglesia (nº 25)

El Bautismo nos hace “miembros los unos de los otros”

Desde la época del cristianismo primitivo, el Bautismo ha sido el rito de iniciación en la comunidad cristiana de la Iglesia. En el Bautismo, el “Espíritu” nos hace miembros del Cuerpo de Cristo y los “unos de los otros” (Catecismo de la Iglesia Católica [CIC], nº 1267). Juan Pablo II describe el resultado del Bautismo como una “misteriosa unidad” entre Cristo y sus discípulos y de los discípulos entre sí, pues “todos son sarmientos de la única vid”. Esto refleja la comunión mística de la Santísima Trinidad (Christifideles Laici [Vocación y misión de los laicos en la Iglesia y en el mundo], nº 12).

El Bautismo revela la igualdad y dignidad de cada miembro de la comunidad

En el Cuerpo de Cristo, todos los miembros comparten “una dignidad común” de modo que “no hay … ninguna desigualdad por razón de la raza o de la nacionalidad, de la condición social o del sexo,” pues todos son uno en Cristo (Lumen Gentium [Constitución dogmática sobre la Iglesia], nº 32)

El Bautismo nos hace discípulos ante el mundo

La incorporación a Cristo y a la comunidad del Pueblo de Dios significa aceptar tomar parte e identificarse con su misión de hacerse discípulos en el mundo (CIC nº 1276 y Compendio nº 541). Juan Pablo II escribe: “En razón de la común dignidad bautismal”, toda persona bautizada es corresponsable … de la misión de la Iglesia (Christifideles Laici nº 15). Los bautizados deben trabajar como discípulos de Cristo, cuidando a los enfermos, los oprimidos, los debilitados y los pecadores. Estamos llamados a llevar a cabo este trabajo no sólo en nuestras comunidades locales, sino también en la comunidad mundial de la que también somos miembros. De esta manera podemos extender a todos el amor, la compasión y la misericordia de Dios que nosotros mismos hemos llegado a conocer.

El Bautismo nos llama a vivir en el mundo, buscando el Reino en nuestra vida cotidiana

Durante la bendición de las aguas bautismales en la Vigilia de Pascua, recordamos la acción de Dios dentro de la historia. Por ejemplo, escuchamos sobre la liberación de Israel de la esclavitud en Egipto. Los cristianos creen que “el Bautismo no los quita (a los bautizados) del mundo”. Por el contrario, el mundo se convierte en “el ámbito y medio de la vocación cristiana de los fieles laicos” (Christifideles Laici nº 15). Damos expresión a nuestra realidad bautismal en la “vida cotidiana” en “el campo” del mundo (Benedicto VXI, Sacramentum Caritatis [Sacramento de la Caridad] nº 79). Los bautizados trabajan dentro de los ámbitos “del trabajo, de la cultura, de la ciencia y de la investigación; el ejercicio de las responsabilidades sociales, económicas y políticas” para ordenarlas al Reino (Compendio nº 543).

Los bautizados están llamados a contribuir a la santificación del  mundo. “El ser y el actuar en el mundo” son una “realidad teológica y eclesial” (Compendio nº 543). Esa realidad es la que nos lleva a trabajar para proteger la vida y la dignidad de todas las personas y cuidar de la creación de Dios aquí en la tierra. Benedicto XVI señala que “la creación no es una realidad neutral, mera materia que se puede utilizar indiferentemente”. Por el contrario, consideramos la tierra como “creación de Dios”. Nuestro Bautismo nos ayuda a ver una relación profunda” entre nuestro trabajo aquí en la tierra y nuestro futuro con Cristo (Sacramentum Caritatis nº 92)

(tomado de “Los Sacramentos y la Misión Social. Vivir el Evangelio, Ser Discípulos”. Departamento de Justicia, Paz y Desarrollo. Conferencia de Obispos Católicos de EEUU)