Con mucha gratitud, y como coloquio entre hermanos CVX. Gracias Íñigo Ayestarán ArceizYouness GannazGuillermo Ayuso GonzálezCVX España Desde Las Raices Hacia Las Fronteras Pello Azpitarte Iribar y tantos más: Qué difícil escribir con los ojos cristalizados con lágrimas de profunda gratitud al leer estas hermosas, francas y confrontadoras palabras de Ayes; las cuales sin duda llevan consigo también las luchas, testimonio y miradas de Youness, que se convirtieron en invitación a buscar vivir apasionadamente y contagiar esperanza. Todo esto detonado por este breve, pero tremendamente significativo y confrontador encuentro con un par de testimonios que me dejaron con el corazón encendido luego de mi paso por Matiko. Estas palabras me remiten también a las vidas de Maite, María y David a quienes no tuve el regalo de conocer en persona, pero que sentí ciertamente presentes en mi paso por esa comunidad tan acogedora.

La transparencia del compartir de Ayes es profundamente refrescante, y realmente celebro la claridad de la mirada proveniente de jóvenes buscadores que confrontan a toda nuestra CVX llamándonos… exigiéndonos… a ser genuinamente coherentes en nuestra opción de vida que debe estar toda orientada a construir un mundo más justo y más humano; un llamado a poner todo lo que está en nuestras manos para que el futuro pueda ser distinto. Esto a la luz del sueño por el reino que se vuelve verdad en el encuentro con los rostros concretos.

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Las palabras de este breve y muy intenso compartir en Matiko, pero sobre todo lo profundo del intercambio de vida, me han devuelto al sitio donde todo comenzó para mí en mi propio camino como seguidor de Cristo que se fue haciendo más sincero gracias a aquella comunidad CVX juvenil. Comunidad donde tuvo cabida mi rebeldía, y en la

que se prestaron oídos sinceros a mis cuestionamientos provenientes de ese fervor que sigue siendo fuente de mi pasión por el reino. En esta visita me sentí vivo y reflejado en el espejo de los ojos de una juventud que exige vivir condenados a la búsqueda y expresión de la verdad, y donde se afirma el sueño loco de sentir que otro mundo es posible. Uno en el que nos toca poner nuestra vida en juego para contribuir para que así sea, y por ello nos sabemos llamados a ir a las fronteras.
En mi paso por Matiko descubrí que cuando la CVX se deja interpelar por las búsquedas de hombres y mujeres soñadores, entonces no puede sino crecer y abrir caminos para trazar rutas para hacer las cosas distintas… y cuánta falta nos hace buscar otras maneras de mirar que nos sacudan de la rutina y nos inviten a mirar más allá. No sé si el proyecto tenga pocas o muchas limitaciones, pocas o muchas dificultades (seguro las habrá como en todo proyecto que abre caminos nuevos), pero en realidad no importa demasiado, ya que las cosas que valen la pena encuentran su ruta hacia la madurez y superación de sus dificultades, o incluso encuentran su propia transición hacia algo nuevo. Lo que sí puedo confirmar con certeza es que en este espacio se afirma una búsqueda para no vivir la vida superficialmente o atados a lo que los otr@s dictan como el “debería ser”. En este espacio se ha arriesgado mucha gente a buscar que en medio del vacío de la cotidianidad, algunos jóvenes puedan abrirse paso para responder de manera distinta a las circunstancias de esta realidad.

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También sé con seguridad, y lo sé por la hermosa experiencia compartida, que este es un espacio que desafía a la tentación de hablar del otro excluido desde la conceptualización, en la distancia, y sin dejarse tocar por esa alteridad que construye verdadera fraternidad. En este espacio, que se vuelve un pretexto valiosísimo para afirmar la opción por el otro, se ha hecho una opción valiente por la experiencia verdadera de acogida. La hospitalidad se hace carne, no por acto de buena voluntad, sino como certeza de que la vida se enriquece con las historias claroscuras de quienes han vivido circunstancias que se tornan en lecciones para los que quieren mirar más lejos y más a fondo. La mirada de Youness desde su experiencia itinerante me regaló unos ojos nuevos y esperanzados sobre la realidad. Hizo verdad en mis ojos la certeza de que donde abunda el sinsentido, sobreabunda la gracia. Su presencia como miembro de la comunidad Matiko me hicieron sentir que todas nuestras buenas voluntades como CVX se pueden hacer verdad fraterna en la vida. Cuando agradeció insistentemente y genuinamente a la CVX por favorecer espacios como éste, me sentí muy poca cosa, ya que mi deseo era agradecerle por darnos la oportunidad de entender la vida más profundamente a través de su experiencia.

Agradezco enormemente también a la CVX Bilbao y a la Compañía de Jesús por la valentía de acoger una búsqueda distinta, y muy inspiradora, en medio de un mundo uniformado y uniformador. El proyecto comunitario Matiko es un símbolo valioso de la riqueza de vivir la compleja y hermosa fraternidad en el día a día, y por ello es signo confrontador para toda la CVX. El proyecto Matiko podrá o no seguir, podrá transformarse o no, de acuerdo a las posibilidades y realidades discernidas, sin embargo, hoy y siempre se convierte en un llamado irrecusable para toda la CVX. Sentirse en casa en las fronteras significa salir de nosotros mismos y de nuestro sitio seguro, para buscar espacios donde se haga vida todo aquello que proclamamos como valores evangélicos.

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Pido a Dios por muchos más jóvenes con mirada de fuego que nos confronten con su testimonio, que no tengan miedo de arriesgar y salir de sí mismos, y sobre todo pido para que la CVX en todo el mundo sea capaz de arriesgarse también para brindarles los espacios y apoyos para que hagan su búsqueda por cambiar el mundo. Seguro nos equivocaremos muchas veces, pero tengan la certeza de que la vida de muchos cambiará, así como recuerdo que mi propia vida cambió cuando no fui juzgado en mi propia rebeldía y en mi búsqueda tantas veces limitada de “cambiar el mundo”. En todo ello sé que si bien, evidentemente, no cambié el mundo; sí cambié yo, y hoy sigo contribuyendo con esa lucha por el reino.
Gracias Ayes y Youness, y toda la comunidad Matiko, gracias CVX Bilbao por lo realizado y por lo que vendrá, y a los Jesuitas de Bilbao por apostar con nosotros por esto. Culmino con una adaptación de una frase de Herman Hesse que acompañó mis años de juventud, y que gracias a esta visita se ha vuelto a encender en el corazón:

No soy un hombre que sabe, he sido un hombre que busca y lo soy aún. Pero no busco ya en las estrellas ni en los libros, sino que comienzo a escuchar lo que la sangre murmura en mí. Mi historia no es suave como las historias inventadas. Sabe a insensatez, a locura y a sueño, como la vida de los hombres que no quieren mentirse más a sí mismos”

Gracias cariñosas,

Mau