Presentación

Los párrafos [Ej 238-260] de los Ejercicios tratan de la oración. Bajo el encabezamiento “Tres Modos de Orar,” estos párrafos llegan hacia el final del texto de los Ejercicios Espirituales. Los ejercitadores suelen olvidar estos modos de orar como “menores.” Tiene su explicación: las ricas meditaciones y contemplaciones características atraen la atención de los ejercitadores que adaptan los Ejercicios a las tandas de ocho días.

La situación de los Tres Modos al final del libro de los Ejercicios, además, puede inducir al ejercitador a interpretar que estos Modos son un apéndice. En efecto, ni la relación que estos párrafos guardan con los inmediatamente precedentes (la Contemplación para Alcanzar amor), ni con los párrafos que les siguen (los Misterios de la Vida de Cristo) está clara. Ya en la cuarta anotación [Ej 4], Ignacio había enumerado sumariamente algunos materiales de los que se componen los Ejercicios. Allí avisaba que al final de la Cuarta Semana, el texto continuaría “poniendo tres modos de orar.” Más tarde, Polanco sustituyó “poniendo” con “añadiendo,” lo cual parece favorecer la interpretación de que estos párrafos están yuxtapuestos y no articulados con los materiales de las cuatro semanas.

Sin embargo, en la experiencia del Mes de Ejercicios, Ignacio cuenta con que estos Modos de Orar se darán al final.

La actualidad de los Tres Modos está hoy en el creciente abismo entre el ritmo de una casa de ejercicios y el ritmo en la ciudad. Los Tres Modos nos hacen caer en la cuenta de que necesitamos oraciones “alternativas,” y cuantas más mejor; que conviene abrirnos y abrir al ejercitante a la realidad de que, tras su regreso a la vida ordinaria, ni las meditaciones ni las contemplaciones van a ser siempre la oración más accesible. Seguir orando (y no tanto en éste o en aquel modo) es lo que importa.

Los Modos se presentan hoy como un recurso extra hacia la sencillez. En las páginas que siguen, describiremos el contenido de los Tres Modos, explicaremos la dinámica interna que los atraviesa, reflexionaremos sobre las dificultades en su aplicación y acabaremos con una propuesta coherente con los directorios.

1. Contenido de los Tres Modos

Las ediciones de los Ejercicios presentan los “Tres Modos de Orar” distribuidos en tres epígrafes mayores correspondientes a cada uno de estos modos. El Primer Modo de Orar es el más extensamente tratado [Ej 238-248]. Incluye la introducción general a los Tres Modos y contiene una descripción detallada sobre cómo orar con los Diez Mandamientos. Viene luego el Segundo Modo. Su distintivo está en que contempla “la significación de cada palabra de la oración” [Ej 249-257]. Finalmente viene el Tercer Modo, que explica cómo orar “por compás” [Ej 258-260].

1.1 Primer Modo de Orar

Este “modo de orar” se distingue por la materia (objeto) que propone y por la forma (método) propuesto para ocuparse de aquella. En cuanto a la materia, el primer modo se ocupa de los Diez Mandamientos, los Siete Pecados Capitales, las Tres Potencias del Alma (memoria, entendimiento, voluntad) o los Cinco Sentidos corporales. No sólo de estos, también puede ocuparse de otros contenidos similares. Lo que cuenta es la forma de tratarlos: el texto dice “considerar y pensar.”

Esta forma o dinámica de tratar aquellos contenidos queda ilustrada con un ejemplo: los Diez Mandamientos. El Primer Modo discurre por la consideración metódica del primer mandamiento (¿he amado a Dios sobre todas las cosas? ¿en qué he faltado?), por un espacio relativamente corto de tiempo. A esta consideración inicial sigue la oración formal: una petición de perdón y el rezo del Padrenuestro o Avemaría. Nuevas consideraciones y oraciones se deberán repetir con el siguiente mandamiento y con el siguiente y así hasta concluir los diez. El Primer Modo sugiere adaptar la forma o dinámica ya descrita a nuevas oraciones: con los siete pecados capitales, con las tres potencias del ánima y los cinco sentidos corporales.

Ignacio presenta la forma del Primer Modo de Orar como una disciplina en cinco pasos. La consideración de los puntos, en realidad, funciona como ocasión para que el ejercitante progrese desde la adopción de una disposición y la oración preparatoria, hasta el coloquio ignaciano, pasando por la consideración de la materia en cuestión. Además, Ignacio desciende a particulares en cuanto a la duración y el orden fijo a seguir.

1.2. Segundo Modo

El Segundo Modo, por su parte, opta por otra materia u objeto de oración

y sugiere otra forma o método de tratarla. Son materia del Segundo Modo las oraciones más conocidas como el Padrenuestro, el Ave María, el Credo, el Anima Christi o la Salve Regina. Peter-Hans Kolvenbach se refirió a ellas como “textos prefabricados” porque se trata de plegarias ya hechas. Son la materia que permite la oración en común y litúrgica al Pueblo cristiano; son las oraciones vocales que primero nos vienen a la memoria porque también fueron las primeras que le confiamos. Con ellas aprendimos a dirigirnos a Dios.

El método para tratar esta materia, sin embargo, no es el ordinario. El ejercicio que Ignacio propone consiste en descomponer el Padrenuestro o cualquier otra oración de nuestra elección palabra por palabra: “diga Pater; y esté en la consideración desta palabra tanto tiempo, quanto halla significaciones, comparaciones, gustos y consolación.” Palabra por palabra, “Padre,” “nuestro,” etc… Y sin buscar primeramente, el sentido de la oración completa –pues no se trata de terminarla– el ejercitante se ocupa en considerar oraciones que anteriormente repetía menos conscientemente, pero que ahora dice detenidamente.

La segunda regla es, que, si la persona que contempla el Pater noster hallare en una palabra o en dos tan buena materia que pensar, y gusto y consolación, no se cure pasar adelante [Ej 254]. Notemos que el valor no es “decir” de nuevo las oraciones tantas veces repetidas, sino encontrar pensamientos, gustos, consolación. Ignacio sugiere comparar la palabra tal como viene utilizada en diversos contextos del lenguaje. También se recomienda “gustarla” o saborearla y consolarse “en consideraciones pertinentes a la tal palabra.” El valor son los pensamientos asociados con las palabras para profundizar en la fe. También el gusto es otro valor pues desarrolla los sentidos espirituales. Finalmente, valor es la consolación por la que el ejercitante crecerá en devoción.

Estas tres dimensiones –entendimiento, gustos y consolación– están asociadas con una antropología de tres niveles: mente, cuerpo y espíritu. Materializan un itinerario ya descrito en la introducción como “forma, modo y ejercicios como el alma más se apareje, y aproveche en ellos y para que la oración sea acepta, que no dar forma y modo alguno de orar” [Ej 238].

En conjunto apuntan a un itinerario eminentemente irrepetible porque es personal. Por eso, quizá, el modo de tratar la materia no se olvida de apuntar a la integración del cuerpo. El texto pone atención a la postura: “de rodillas o sentado” También se interesa por la concentración interior “teniendo los ojos cerrados o hincados en un lugar,” es decir impidiendo que la mirada discurra.

1.3 Tercer Modo

Dando un paso más, el Tercer Modo no cambia de materia. Sigue siendo las oraciones sencillas de tanto repetidas, también confiadas a la memoria. Pero el ejercicio ahora no se ocupa primeramente del significado. Tampoco se habla ya del gusto, etc. El ejercitante debe fijar la atención en los “anhélitos”: el ritmo de su respiración; debe buscar acompasar ésta con la consideración de aquellas palabras en que se ocupaba el Segundo Modo. Ahora el método atiende a la significación de la palabra, pero también a la consideración de quién es el que la pronuncia o a quien está dirigida.

Carlos Coupeau SJ [Revista MANRESA Vol.81 (2009)]