Y la respuesta fue sí… Maite nos sigue contando su vivencia de Colombia

Muchas veces nos esforzamos por planificar y programar toda nuestra vida, incluso nuestras vacaciones, y nos olvidamos de que muchas veces los planes que Dios tiene para nosotros son otros muy distintos.

Eso fue lo que me ocurrió el pasado mes de junio. El grupo Indautxuko eskautak llevaba ya un año colaborando con un grupo de jóvenes de Colombia en un proyecto llamado Participacción. Y para poder conocer mejor su realidad y estrechar lazos, decidieron lanzarse a esa aventura y emprender un viaje hasta la comunidad de Barú. Y como si de un regalo inesperado se tratara me llegó la oportunidad de poder acompañarles en esta experiencia.

Al principio me sobre cogen las dudas y los miedos, ¿un mes fuera de casa? ¿Lejos de familia y amigos? ¿Sin conocer de nada al grupo? ¿Cómo acompañante? Pero a lo largo de la vida he aprendido a confiar en este tipo de propuestas que me van llegando. Desde la creencia de que Dios actúa en mi vida a través de la gente que me rodea, he ido atreviéndome a decir “si” y la conclusión final siempre es la misma: merece la pena confiar y vivir en la esperanza.

Y me lancé a esta aventura con el apoyo de aquellos que más me quieren, estrenándome como novata en esto del “acompañamiento”. Solo tengo palabras de agradecimiento al grupo que me acogió. Es un verdadero regalo el que a una le dejen acompañar a un grupo de jóvenes que se encuentra en un proceso de búsqueda y discernimiento vocacional. Ellos se han dejado acompañar y me han abierto su corazón. He aprendido mucho de ellos y me he contagiado, en muchos momentos, de su ilusión y de su mirada tierna a una realidad que nos interpelaba.

Por otro lado he tenido la oportunidad de conocer a un grupo de CVX Bogotá. Me invitaron a pasar con ellos la tarde y pudo vivir eso de la “universalidad” de nuestra comunidad. Reconocí en cada uno de ellos esa mirada tierna a la realidad y la ilusión por construir Reino. A pesar de encontrarme muy lejos de mi hogar, ellos me hicieron olvidar esa distancia y por una rato fui capaz de entender con el corazón eso que, con mi grupo de Bilbao, tantas veces hemos comentado que nos faltaba, ese “ver, oir y sentir”, que formamos parte de algo mucho más grande que nuestra pequeña gran comunidad CVX Arrupe Elkartea.